Emociones y lenguaje, la palabra que transforma el sentir

Las emociones nacen en el cuerpo; primero son calor, tensión, ritmo. Luego, lentamente, se convierten en palabras; toman forma, se reconocen y encuentran una identidad. Dar un nombre a lo que sentimos no es un simple ejercicio mental, sino un acto existencial; es el momento en el que el caos interno se vuelve gesto, sonido.
A menudo no es la emoción en sí lo que nos asusta, sino su sombra silenciosa. Esa confusión sin rostro que aún no sabemos nombrar nos vuelve vulnerables y nos expone a una sensación de extravío.

El lenguaje es una de las capacidades más potentes que tenemos; nos permite construir sentido, pero también puede convertirse en una prisión de juicios e historias distorsionadas que nos contamos a nosotros mismos. Como recuerda Carmen Luciano (1), la palabra puede ser un puente hacia el otro o una barrera que nos atrapa en la comparación constante.

En terapia, la palabra no sirve para racionalizar la experiencia, sino para describirla mientras sucede. A veces, sin embargo, la palabra puede incluso traicionar al cuerpo; ocurre cuando lo analizamos todo para "no sentir", usando el intelecto como un escudo contra la emoción pura.

En otros momentos, en cambio, es el silencio el que se hace lenguaje. Un silencio que, como sugiere la obra de Alda Merini (2), no es un vacío, sino un espacio de gestación; en sus palabras, el dolor no debe explicarse, sino habitarse con una lengua capaz de permanecer ante el abismo sin huir.

Sin embargo, dar voz a este silencio requiere una valentía profunda. Federico García Lorca (3) escribía que "callar y quemarse es el castigo más grande que nos podemos echar encima"; una advertencia sobre lo que sucede cuando elegimos esconder lo que sentimos por miedo a las consecuencias. En estos casos, la palabra no falta por ignorancia, sino que se sofoca por defensa. Nombrarla se convierte entonces en un acto de dignidad, significa quitarle al sufrimiento el poder de destruirnos en secreto y transformar el lamento en una presencia reconocida y habitable.

Este proceso de "iluminaciòn" es lo que Carl Rogers (4) describe como el momento decisivo del encuentro terapéutico, cuando el terapeuta logra devolver en forma verbal esos sentimientos que la persona percibe solo de modo confuso. No se trata de interpretar, sino de permitir que la emoción emerja del fondo.

Cuando encontramos la palabra adecuada, no cambiamos la experiencia en sí, sino nuestra relación con ella. Es como encender una luz en una habitación que solo conocíamos a oscuras; los objetos son los mismos, pero ahora podemos reconocerlos y movernos entre ellos.

Existe una paradoja fascinante en todo esto, algunas emociones parecen existir plenamente solo cuando la lengua las nombra. Tiffany Watt Smith (5) explora cómo las diversas culturas han nombrado sensaciones que vivimos pero no sabemos definir. Es el caso delAwumbuk: esa sensación de vacío y pesadez que queda en casa tras la partida de un invitado. Dar un nombre a ese vacío lo hace visible y, por tanto, se puede compartir.

Las emociones nos atraviesan y el cuerpo las sostiene, pero la palabra las hace humanas. Al narrar nuestra propia experiencia, como muestran White y Epston (6), elegimos una perspectiva; y en esa elección ya hay un movimiento de cambio. En terapia no aprendemos a "explicar" el conflicto interno, sino a contarlo. En ese relato, por primera vez, dejamos de ser solo los testigos de nuestro dolor para convertirnos, finalmente, en autores.

Bibliografia

(1) Luciano, C. (2010). Condición humana y felicidad: hechos y palabras. Universidad de Almería. Lección inaugural del curso 2010–2011.

(2) Merini, A [1986] L’altra verità. Diario di una diversa, Rizzoli. 2007.

(3) Garcìa Lorca F. [1936] Bodas de sangre, Cátedra, 2008.

(4) Rogers, C. R. (2020). El proceso de convertirse en persona: Mi técnica terapéutica (L. R. Waingert, Trad.). Paidós, Planeta.

(5) Watt Smith, T. (2017). Atlante delle emozioni umane: 156 emozioni che hai provato, che non sai di aver provato, che non proverai mai (V. Bellocchio, Trad.). UTET.

(6) White, M., & Epston, D. (1992). La terapia come narrazione. Proposte cliniche (L. Baldaccini, Trad.). Astrolabio Ubaldini.

 

Imágenes en orden:

[copertina] Robert Indiana, Heal, 2014.

Robert Indiana, Love, 1965.

Robert Indiana, Hope, 2008.

Robert Indiana, Hope, 2008 (creata per la campagna presidenziale di Barack Obama).

 

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