Más allá de la etiqueta Reflexiones sobre el diagnóstico, el sufrimiento y la mirada que cura

En psicología, el diagnóstico nace con la intención de orientar, comprender, poner nombre a lo que sucede. Sin embargo, no pocas veces ese nombre corre el riesgo de convertirse en un límite, algo que define, reduce y precede a la persona que lo porta.

No es el diagnóstico en sí lo que está en discusión, sino lo que ocurre cuando se convierte en una etiqueta, cuando orienta la mirada del otro, la de la sociedad y, progresivamente, la mirada que una persona acaba dirigiéndose hacia sí misma.

En estos casos, el diagnóstico corre el riesgo de preceder a la persona, de hablar en su lugar, de restringir las posibilidades de ser reconocida en su complejidad.
Los modelos biomèdicos han ofrecido herramientas valiosas para describir el sufrimiento psíquico, han permitido reconocer cuadros clínicos, compartir un lenguaje común y construir intervenciones. Pero cuando el diagnóstico se convierte en la única lente posible corre el riesgo de oscurecer aquello que, en toda experiencia de sufrimiento, permanece irreductible: la historia, el contexto, el sentido. La necesidad de la persona de dar espacio a la pregunta sobre qué ha tenido que hacer para poder adaptarse.

Como recordaba Thomas Szasz (1), el sufrimiento mental no es siempre una “enfermedad” en el sentido médico del término, sino a menudo una respuesta humana a condiciones de vida complejas, dolorosas o contradictorias. Franco Basaglia (2) llevó esta reflexión a sus consecuencias más radicales, mostrando cómo la institución y la etiqueta pueden convertirse en instrumentos de exclusión más que de cuidado. La crítica al sistema institucional sale del ámbito psiquiátrico para trasladarse a las estructuras sociales que lo sostienen.

Màs recientemente, autores españoles como Fernando Colina (3) o Laura Martín López Andrade (4) han seguido interrogándose sobre una psicopatología que no parta inmediatamente del diagnóstico, sino de la persona.

Desde una perspectiva humanista y existencial, la pregunta se desplaza;

no sería “¿qué tienes?”, sino “¿qué te está ocurriendo?”

no “¿en qué categoría encajas?”, sino “¿en qué mundo estás intentando vivir?”

El sufrimiento no nace en el vacío, siempre está circunscrito a un tiempo, un lugar y una red de relaciones. En algunos casos, aquello que hoy definimos como “trastorno” ha sido, en otros contextos históricos o culturales, leído como experiencia mística, crisis espiritual, respuesta simbólica o adaptación creativa. La misma manifestación puede asumir significados totalmente distintos según el entorno que la acoja o la rechace.

La Gestalt Therapy (5) habla del Self como un modo de estar en el mundo, una función de adaptación creativa que emerge en la frontera entre organismo y ambiente. Desde esta perspectiva, el síntoma no es solo algo que deba eliminarse, sino un intento, a veces muy doloroso, de responder a una situación. Es un lenguaje aprendido, una forma que el sufrimiento encuentra para ser visto y escuchado, (ejemplo de esto podría ser el tarantismo estudiado por Ernesto Di Martino (6).

También el psiquiatra Irvin Yalom ha advertido en numerosas ocasiones del riesgo de que el diagnóstico se convierta en una identidad. En sus escritos clínicos y narrativos recuerda cómo una etiqueta puede condicionar profundamente la imagen que una persona construye de sí misma, limitando la posibilidad de cambio. Para Yalom, lo que cura no es la categoría diagnóstica, sino el encuentro, una relación real, en el aquí y ahora, en la que la persona es vista más allá de aquello que “representa” (7) (8) y (9).

Carl Rogers (10) lo expresaba con otras palabras, pero con la misma fuerza, el crecimiento se produce cuando alguien se siente comprendido sin ser juzgado, acogido sin ser definido. Rollo May (11) añadía que el sufrimiento está a menudo relacionado al conflicto entre lo que somos y lo que el mundo nos pide que seamos. En este sentido, el malestar no es solo individual, sino también cultural.

Decir que el diagnóstico es relativo no significa negar su utilidad, es reconocer que no es la verdad última sobre la persona, sino un mapa parcial, históricamente y culturalmente situado. Un mapa puede ayudar a orientarse, pero nunca coincide con el territorio.

Tal vez el punto no sea elegir entre diagnóstico sí o diagnóstico no, sino preguntarnos continuamente:

¿qué hace visible este diagnóstico y qué, en cambio, corre el riesgo de ocultar?

¿ayuda a la persona a comprenderse o la reduce a una definición?

¿abre posibilidades o las cierra?

Personalmente, apuesto por una perspectiva que integra el saber clínico sin anular el sentido de la experiencia humana, intentando mantener unidos el síntoma y la historia, el sufrimiento y el contexto, el individuo y el mundo; una mirada que recuerda que, antes de cualquier categoría, siempre hay alguien buscando una manera posible de estar en el mundo.

Bibliografia:

(1) Szasz T. (1961) El mito de la enfermedad mental. Biblioteca Universal del cìrculo de lectores
(2) Basaglia F. (1968) L’istituzione negata. Rapporto da un ospedale psichiatrico. Giulio Einaudi Editore S.p.A. Torino
(3) Colina F. (2021) Sobre la locura. La revoluciòn delirante
(4) Martin L., Colina F., (2019) Manual de psicopatologìa. La revoluciòn delirante
(5) Pers F, Hefferline R.F., Goodman P. (1997) La Teoria della Gestalt, Vitalità e accrescimento nella personalità umana, Casa Editrice Astrolabio, Ubaldini Editore, Roma
(6) De Martino, Ernesto (1961) La Terra del rimorso. Contributo a una storia religiosa del Sud. Einaudi.
(7) Yalom I.D., (2010) Psicoterapia Existencial. Herder
(8) Yalom I.D., (2014) Il dono della terapia. Neri Pozza Editore, Vicenza
(9) Yalom I.D., (2015) Criaturas de un día. Neri Pozza Editore, Vicenza
(10) Rogers C.R. (2013) La terapia centrata – sul – cliente, Giunti Editori S.p.A
(11) Rollo M. (1970) La psicologia e il dilemma umano. Astrolabio

Imágenes en orden:

Francis Bacon, Study for Self-Portrait, 1982.

Francis Bacon, Three Studies for a Self-Portrait , 1979.

Francis Bacon, Self-Portrait, 1973.

Francis Bacon, Study for Self-Portrait, 1976.

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